miércoles, 7 de abril de 2021

Alejandro Magno: Pupilo de Aristóteles/ Parte I

Jesús Ramos Kallinikos

La vida es un enorme escenario en donde los espíritus se encuentran y sin embargo existen encuentros que resultan verdaderos choques de estrellas y de estos surgen las leyendas. Eso solo podemos verlo en retrospectiva y al hacerlo observamos que no todo es como se piensa.

Cuando Filipo II de Macedonia se dio cuenta que su joven hijo necesitaba una educación más profunda, no resulta extraño pensar que las mejores mentes de Grecia trataron de ser tomadas en cuenta. Platón había muerto cuatro años antes, había nombres prestigiosos que se mostraron sorprendidos cuando sus nombres no fueron convocados desde la capital del reino en ascenso, Macedonia. Entre estos sabios se encontraba un hombre cercano a los cien años, Isócrates, discípulo de Gorgias; entre sus recuerdos estaba el haber escuchado al propio Sócrates. Por otra parte estaba Espeusipo  el  escolarca de la Academia, quien además era el sobrino de Platón.

El hombre convocado fue Aristóteles, ahora incluso quienes no estén muy cultivados en alguna de las áreas donde destacó este hombre sabrán del peso del nombre. Y sin embargo en aquellos tiempos la fama meteórica de Aristóteles aún estaba por mostrarse. Es de suponer que ni el propio Filipo, quien tenía buen ojo (había perdido el ojo derecho) para mirar oportunidades donde otros solo veían desiertos, acertaría a pronosticar el gran legado que Alejandro y Aristóteles dejarían al mundo.

Pongamos un poco de contexto histórico, en el momento en que Filipo II entra junto con su Macedonia en el tablero geopolítico de Grecia. Las polis griegas pese a haber derrochado todas sus energías persiguiendo la hegemonía aun podían ser un hueso duro si Filipo se mostraba como un invasor  y hacía que estas se unieran.

Entre Atenas y Macedonia existía una tensión que era más cercana a un estado de guerra sin declarar. Pese a que la estrella argeada estaba en ascenso; Atenas seguía siendo el corazón de Grecia, la potencia cultural pese a su menguado poder militar.

A la edad de cuarenta años Aristóteles se convirtió en maestro de Alejandro y de otros chicos de la nobleza macedonia. Y aunque de algo sirvió su formación en la Academia a lado de Platón, sería un poco limitado el relato si solo se dejará acotado a esta circunstancia.

El padre de Aristóteles fue un médico llamado Nicómaco quien fuera médico de cabecera del rey y padre de Filipo en el norte de Grecia, bajo esta idea es muy probable que Filipo y Aristóteles se conocieran de jóvenes e incluso de niños. No debemos perder el detalle que Macedonia en ese entonces era un reino de muy poca importancia.

Durante sus primeros años de juventud Aristóteles parte hacia Atenas para estudiar con Platón y en algún  punto de ese periodo su ciudad natal es reducida a cenizas  por las guerras que serán parte de la atmosfera imperante. Después de veinte años en la academia de Atenas, deja esta ciudad a la muerte de Platón y se une a Hermias, un viejo amigo de la Academia en Atarneo, una polis griega ubicada en la costa de Anatolia, allí acudirá junto con otros compañeros y amigos de ambos.

Hermias era el gobernante de Atarneo, aquí se forma, por decirlo de alguna manera, una corte de filósofos. Ésta polis rendía tributo a Persia; sin embargo, Atarneo se había convertido en un punto de sospecha y rebeldía a los ojos persas.

Filipo tendría en Aristóteles a un importante personaje para la campaña que comenzaba a planear en secreto contra los persas. El motivo era que Aristóteles se había comprometido con la sobrina de su amigo y gobernante de Atarneo, Hermias.


Aristóteles fue tratado con la misma generosidad con la que eran tratados los ilustres griegos que acudían a la corte en Pella, donde se les solía proveer de todo lo necesario, al momento de ser elegido como tutor de Alejandro y de otros jóvenes nobles macedonios. En el caso específico de la educación de Alejandro, Filipo les proporcionó un espacio a las afueras de la capital del reino, se dice que tenía sus campos, manantiales y bosques.

No se sabe lo que aprendió Alejandro y los jóvenes elegidos, la vida posterior a los estudios del magno, dejan ver muchas pistas. Para darle mayor peso a esto es necesario comparar algunas de las relaciones entre maestros y alumnos. Existió entre los filósofos y los sabios de la antigüedad un constante intento por repercutir en jóvenes con la capacidad de llevar a la praxis a niveles mayores lo filosofado por sus maestros.

Tanto Sócrates como Platón intentaron repercutir en Alcibíades y en Dionisio II de Siracusa respectivamente, irónicamente sus pupilos tiraron por la borda las esperanzas de sus respectivos maestros; Alcibíades, si bien era talentoso y seducía a todos por su inteligencia y su carisma, era incapaz de controlarse y más bien poseía una personalidad bastante volátil: Dionisio, en cambio, poseía todo al alcance de su mano, pero tenía un carácter ligero, superficial y altanero.

El libro que se escribiría entre Alejandro y Aristóteles tendría si bien como protagonista al macedonio, mucho de lo que era Alejandro se lo debía a su maestro. El mismo Alejandro diría que a Filipo le debía la vida y un reino, pero fue Aristóteles quien le enseñó la forma como debía vivir la vida.

Como resultado de esto fue capaz de mostrar vergüenza o remordimiento cuando su actuar no fue digno, algunos relatos prueban esto, como en aquella ocasión en la que trató de atravesarse con la misma lanza con la que le había arrebatado la vida a Clito.

Alejandro no fue solo un conquistador: fue un explorador, amaba la zoología y la botánica, ciencias que aprendió con Aristóteles. Estando en la campaña persa se dio sus tiempos para poder conocer la flora y la fauna de los territorios donde su ejército invicto avanzaba e incluso envió animales y flora a Aristóteles.

Historiadores como Plutarco recogen historias donde Alejandro soltó antílopes, colocándoles collares de oro para saber cuánto vivían y las rutas y espacios que abarcaban. Del mismo modo Alejandro se interesó por la medicina, atendía a sus soldados heridos y llegó a recetar brebajes curativos a sus amigos íntimos durante los años que estuvo en Asia. El interés por la medicina es muy probable que también lo aprendiera de Aristóteles que recordemos era hijo de un médico y en aquellos tiempos ese tipo de conocimientos eran pasados de padres a hijos.

2 comentarios:

  1. Ojalá tuviéramos políticos pupilos de filósofos, ¡espera! Tenemos a AMLO pupilo de Enrique Dussel, ¡vaya novedad! Saludos Missi.

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    1. ¡Hola Luis Ricardo! es deseable tener políticos pupilos de filósofos pero también recuerda que Alcibíades tuvo de maestro y amigo a Sócrates y pues políticamente fue una verdadera desgracia para Atenas este Alcibíades.

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